En un movimiento que trasciende lo social, el exgobernador Arturo Montiel Rojas volvió a colocarse en el centro de la escena política del Estado de México al encabezar un encuentro con liderazgos priistas en la zona oriente, particularmente de Ciudad Nezahualcóyotl, un territorio clave en la configuración del poder estatal.

La reunión, realizada en el marco del onomástico de Elizabeth Torres Ramos, congregó a una amplia representación de la clase política mexiquense: expresidentes municipales, exlegisladores, exfuncionarios federales y dirigentes partidistas, además de liderazgos regionales. La coincidencia de estas figuras no pasó desapercibida en un contexto preelectoral.

Lejos de tratarse de un evento casual, el encuentro envía señales claras de operación política y reagrupamiento de fuerzas al interior del PRI, de cara a los próximos procesos electorales. En este escenario, Montiel emerge nuevamente como un actor articulador, vinculado a una de las corrientes históricas más influyentes del partido.

Su reciente activación pública, acompañada de mensajes sobre la vigencia del priismo, apunta a un intento de reposicionamiento en medio de un entorno marcado por divisiones internas. Así, su presencia en primera línea sugiere movimientos estratégicos orientados a la recomposición del poder político en la entidad rumbo a 2027.

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